Ayer Federico me acompañó a la Torre Eiffel porque habíamos ido con su hermano a una exposición de Marvel y al final, después de dos horas de espera, su hermano fue llamado al deberoso trabajo que tiene y tenía que irse. Entonces Federico me dijo "nos quedamos por ti, ¿eh? Para que no digas que no hacemos nada juntos" y yo grité "yo quería ir a la Torre Eiffel no aquí" y nos salimos de la fila para seguir la discusión. Además estaba un poco cara, 16€ por cabeza. Eran 12 en la Torre. Así que prometió frente a su hermano que iríamos y ayer lo hicimos.
Salir con él es complicado, más como turista. Quizás porque es residente no le gusta o quizás sólo le gusta ir contra corriente, el caso es que al final estábamos parados bajo la torre decidiendo qué hacer. Yo quería montarla, si, montarla me parece un verbo adecuado que implica mis intensiones secretas de conquista. Él no quería realmente hasta que le propuse una salida poco fácil; caminar en los distintos monumentos y sacarnos fotos de a turista. Prefirió la Torre. Pasamos exactamente, y sin exagerar, dos horas y cuarto en la fila del lado del pilar donde sólo hay escaleras, y no elevador. Antes de que te cuente la subida, algo curioso pasó. Hay chacos por todas partes, eso fue lo que constaté y constato cada que estoy aquí. Estábamos a nada de pasar a comprar las entradas y la señorita que revisaba las bolsas estaba muy a gusto platicando con dos señoras, las cuales parecían de la misma nacionalidad de la señorita. Entonces hablaban y reían y de repente las dejo pasar, así nada más, sin hacer filas ni nada. Entonces pensé, hay chacos por todas partes. Uno simplemente le cuenta un chiste, pasa media hora, quizás le trae una torta o su equivalente (baguette) y plop, lo dejan entrar sin filas. Well done chacas. Después de eso entramos y subimos y subimos y me quedaba sin aliento con casa paso que daba pues el frío penetrante y la altura hacían que las cosas se dificultaran. Finalmente llegamos al primer piso, dimos una vuelta y de nuevo a las escaleras para el segundo piso.
En el segundo piso, yo ya no quería nada. El vértigo estaba matando mi ser, así como el helado viento que congelaba mis pulmones. Entonces Federico, motivado, compró tickets para el elevador y así nos formamos en la fila del sommet para llegar a la punta. Entre nosotros había muchos hindúes que parecían pingüínos, pero pingüínos tipo el malvado ese de Batman. Traían sus chalinas enredadas en la cabeza, sus chamarras de pluma de ganzo de esas que te quitan completamente la forma si eres femina y sus amplias bolsas. Los hombres usaban gorritos de esos que pareces preservativo, y casi todos tenían lentes. Reían todo el tiempo y de pronto una de ellas sacó de su gran bolso otra bolsa más pequeña que tenía granos, a mi me parecía a couscous, que son como granitos amarillos como de arroz y empezaron a pasarse por todas partes ese alimento; parecían pajaritos revoltosos. Después comenzaron a hablar con una pareja, o según yo eso eran, atrás de nosotros. Ellos eran chinos, ella tendría unos 25 años, muy bonita. Su cabello era lacio hasta los hombros y un fleco recto. Sus grandes ojos miraban todo el tiempo su celular mientras, quien parecía ser su pareja miraba las fotografías de su cámara profesional. Él era gordo y viejo. Así que pensé que quizás él era rico, muy rico, un chino rico. Y ella era su novia, lindisima, que cambiaba su belleza y juventud por lujos. Me pareció una linda historia. Linda y perversa.
Ya arriba dimos vueltas buscando mi casa. Cuando tenía 17 años subí con mis amigas y escogimos edificios que serían nuestras casas. Finalmente sólo yo regresé, lo que se me hizo irónico. Seguro ellas ni siquiera lo han pensado. El frío se hacia cada vez más difícil de soportar causado por la altura y decidimos bajar e irnos, pero para esto había que hacer otra gran fila.
Paris son filas, debes de saberlo si vienes.
Finalmente en el suelo, tuve una sensación de vacío. Como si el tiempo no hubiera pasado. En un momento estas hasta arriba contemplando cada rincón de Paris, y en otro regresas al estado inicial dónde te encontrabas y te sientes huérfano. Como si arriba, montado en la Torre, la conquistaras, y abajo regresarás a ser el externo mutante que viene de visita, incluso si resides en estás tierras.
Federico concluyó con "estoy exento de cualquier reproche por lo menos seis meses". No dije nada, el vacío que la torre me había dejado era suficiente en ese momento. Caminamos hacia el metro en trocadero y dejamos que este nos tragara para regresar al departamento.
He ahí mi historia de ayer. Espero estas cartas no te fastidien, y espero que estés bien porque no he sabido nada de ti.
Te quiere,
Becca
No hay comentarios:
Publicar un comentario