Ayer fui al Louvre, era domingo y decían las malas lenguas que era "gratos" o sea gratuito. Supuse que no habría mucha gente por ser domingo, no sé porque pensé que los turistas descansarían los domingos como la gente normal, y al parecer tenía razón pues sólo hice 45 minutos de fila. Los únicos turistas que habían eran chinos. Digo chinos para referirme a los de los ojos rasgados, seguro había japoneses o coreanos, pero para mi todos eran chinos. Alguno que otro hindú perdido y hipsters. En fin, me dispuse a jugarla de turista. Y saque fotos de los cuadros, me perdí en la parte de cosas egipcias y finalmente logre llegar al primer piso dónde había pinturas italianas y españolas. Entonces busque lo que todos buscan, la Mona Lisa. Es curioso, cuando vas varias veces (mi tercera) el museo se ve más pequeño y menos interesante. En si, se resume a ver unas cuantas piezas. Por lo menos en ese primer piso, La Mona Lisa, el cuadro donde Napoleón corona a su esposa, el de la portada del disco de Coldplay (increíble que no recuerde los nombres y mis notas estén escondidas en alguna servilleta abajo de todo lo que hay en mi mochila). En fin, La Mona Lisa tiene su propio cuarto y es una miniatura. Cada que la veo, se evoca la misma sensación de la primea vez que la vi: asombro por ser minúscula. Jugué de turista y me saque foto con una cara de por fin lo he logrado con fines familiares, papá quería fotos. Después empece a sacar fotos de persona sacando fotos. No sabes, pero es un proyecto que me puse estando aquí, personas sacándose fotos o sacando fotos a otras personas o monumentos. Ha sido divertido porque posan de manera interesante, sostienen la sonrisa varios minutos si es necesario e intentan distintas poses. Además también se me hizo interesante la postura del que toma la foto. En fin, pensaba comerme el museo, digo al final había pagado. Sin embargo, no siempre sale el sol en Francia -irónico pues era un día soleado- y cerraron el museo a las 5. Así que tuve que exponer mi persona a los ojos curiosos de los caminantes que además miraban sin discreción debido a mis marcas en los brazos (reitero, hacía mucho calor para ser verdadero y por suerte, bajo mis seis sweateres traía una blusa sin mangas). Subí las escaleras para salir por la pirámide de cristal y unos hipsters me atacaron con sus celulares para sacarme fotos, ya sabes que eso suele pasar pero sentí sorpresa pues ya no es algo habitual. Después de huir de ellos, salí por la puerta y busque un spot dónde arrastrar mis cansadas piernas para posar mi culo gordo.
Un buen rato no paso nada, lo que me permitió leer mi guía de Paris pues no sabía si moverme hacía alguna otra atracción turística o quedarme ahí tomando el sol. Aquí es cuando lo gracioso comienza, un hombre de cabello corto, vestido de negro con lentes de sol de esos que usa la gente que hace deporte se sienta a lado de mi y dice "do you speak english?" Asentí y seguí mi lectura pero el hombre no paraba de hablar hasta que empezó con las preguntas. En mi cabeza apenas si las escuchaba, la verdad pensaba que los franceses tienen una idea de conquista muy extraña donde se sientan y te hacen preguntas superfluas nada más para hacerte sentir como que les importa un copec tu existencia, al final todo se resume a la misma pregunta "¿y eres fiel? "Porque claro" dije, siempre hago presente y recalco mi relación con Federico. Especialmente aquí porque aunque lo digas, no escuchan. Entonces, de repente, cuando se dio cuenta que su técnica de "conquista" no funcionaba, agarró y dijo "ah, esta llegando el japones" y se fue. No entendí muy bien lo que paso. Me gusta hablar con ellos porque son poetas y arte, prometen enseñarte lugares hermosos donde tendrás sensaciones únicas, pero cuando dices algo que no les gusta, desaparecen. Supongo que con la misma rapidez han de desaparecer las mañanas siguientes o las madrugadas siguientes.
El segundo hombre que me abordo esa tarde era un hombre en bicicleta. No sé por qué son los hombres extraños y feos los que toman el valor para sentarse a mi lado y cruzar palabras. Este fue más educado, me hablo de él y de su día. Después me preguntó de dónde era y que hacia, le conté de Federico y cómo no le gustaba jugarla de turista, motivo por el cual me encontraba en ese lugar, en ese momento, sola. Sonrió y me pidió vernos al día siguiente. Segundos después recapacitó y dijo, "bueno quizás tu novio se enoje ¿verdad?" Sonreí y dije "ya sabes como son los franceses" entendió perfectamente y después me dijo que la tarde era joven y esperaba que me divirtiera y que podíamos platicar más sino me incomodaba. No me incomodaba pero la tarde no era joven y lo puntualice. Miró su reloj y dijo que tenía que visitar a su familia. Partió en su bici y no miró atrás; él me había caído bien.
El segundo hombre que me abordo esa tarde era un hombre en bicicleta. No sé por qué son los hombres extraños y feos los que toman el valor para sentarse a mi lado y cruzar palabras. Este fue más educado, me hablo de él y de su día. Después me preguntó de dónde era y que hacia, le conté de Federico y cómo no le gustaba jugarla de turista, motivo por el cual me encontraba en ese lugar, en ese momento, sola. Sonrió y me pidió vernos al día siguiente. Segundos después recapacitó y dijo, "bueno quizás tu novio se enoje ¿verdad?" Sonreí y dije "ya sabes como son los franceses" entendió perfectamente y después me dijo que la tarde era joven y esperaba que me divirtiera y que podíamos platicar más sino me incomodaba. No me incomodaba pero la tarde no era joven y lo puntualice. Miró su reloj y dijo que tenía que visitar a su familia. Partió en su bici y no miró atrás; él me había caído bien.
Después de eso, saque mi libro de nuevo y un señor descaradamente me sacaba fotografías con una cámara tan grande como su brazo. Miré de reojo y lo ignore, no quería crear contacto visual y se fue.
De Adrien te hablare después porque odio escribir cartas largas. Sin más por el momento,
Becca
Becca
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