jueves, 8 de mayo de 2014

Adrien

Sam, 

He regresado a mi madriguera con muy poco entusiasmo debido a la enorme carga de trabajo que se viene como tormenta. Incluso podría decirse que estas dos semanas -encantadoras dos semanas- me encontraba en el "ojo del huracán", y pronto saldré de ese estado para enfrentarme con el verdadero caos. Pero, antes de sumirme entre letras e investigaciones inconclusas, análisis  interminables y tecleo de insensateces, creo que vale la pena, robar unos minutos y escribirte de Adrien. 

Adrien es un parisino marselles, o marselles parisino. Quiero decir, llevaba 4 años viviendo en París pero venía de Marsella. Siguiendo lo que había sucedido, mi gordo culo se encontraba sentado en uno de los laterales que rodean la pirámide triangular de cristal del Louvre. Había escapado con éxito de los dos hombres extraños que habían entrado a mi vida con la misma rapidez con la que habían desaparecido y continuaba leyendo mi guía de turista para decidir a dónde dirigirme cuándo este personaje se puso frente a mi y me saludó. Él dijo "Seguro es porque hay sol que vengo a saludarte, si lloviera, tendría que irme corriendo y no tendría el humor para venir y presentarme". No lo niego, sonreí porque me pareció interesante la manera de presentarse ante mi. Después se sentó a mi lado, muy cerca y comenzó a platicarme de él y a preguntar sobre mi. Como siempre, di los detalles básicos y como siempre respondió que si tenía a alguien, no entendía por qué me encontraba sola en ese lugar. Después se concentro en mis particularidades diciendo que "No muchas chicas tenían lo que yo tenían". Reí más fuerte de lo que debí, de esa risa que es más burlona porque sabes que es una linea masticada por mil personas y dije que eso no podías saber porque nunca hacia calor en estas tierras, la gente siempre trae abrigos y chamarras y bufandas y mil cosas, así que era imposible saber si sólo yo era un lienzo andante o había más de mi "especie". Después vino la pregunta obligatoria "¿Por qué te los haces?" , sabes, ya no sé qué contestar a eso. Porque me gusta sentir agujas perforando mi piel; porque no tengo nada más que hacer; porque me hacen sentir linda; porque nada más lo hago. En cambio ahora siempre respondo lo mismo "Porque quiero y puedo, ¿y a ti qué?" creo que es una respuesta a la defensiva pero empieza a funcionar, la gente deja de hacer preguntas. 

Bueno, él miraba su celular y contestaba mensajes excusándose y diciendo que era alguien muy atareado porque era pastelero. No me doy cuenta hasta ahorita pero ¿cómo es la vida? El cinco de mayo, me encontraba sola en una banca del Louvre, tomando el sol, cuando un francés se acerca e intenta conquistarme. Es casi como para introducir algún escrito, ya sabes por la ironía y la relación que existe en esa fecha entre esos dos países. - Divago, eso pasa cuando estoy en casa. - Bueno, después me dijo que podíamos ir a algún lugar menos turístico para ver París. No sé, uno piensa en menos turístico y no piensa en su departamento, así que tomé mis cosas y camine a su lado mientras me hacía preguntas ñoñas cómo "¿cómo sería tu día perfecto?" ¿Qué clase de pregunta es esa?, me sentí en una de esas películas de las gemelas Olsen o de Hilary Duff. Reí y se dio cuenta así que él se respondió solo intentando que yo estuviera más relajada. Después intento darme un masaje en las manos, dijo "me gusta dar masajes en las manos, no es intruso" y agarró mi mano derecha. Su mano sudaba horrible, era como si la hubiera metido en una cubeta con agua caliente y la hubiera sacado; era como si su mano y su cuerpo fueran independientes y todo el sudor que producía su cuerpo se hubiera trasladado a su mano. Fueron los 3 minutos más estresantes de mi vida, pues parecía alguien amable y su mano estaba en mi mano. Le dije que me parecía poco adecuado eso que hacía pero no se inmuto así que sólo soporte aquellas manos sudorosas que masajeaban la mía. Es que no sabes, pero aquí no saben que hacer cuando hace calor. Es como el efecto inverso de allá. Allá comienza a llover o hace frío y se para la vida. Uno no sabe qué ponerse porque, en cualquier momento el cielo puede despejarse y puede que traigas un sweater de tortuga con una camisa de manga larga abajo y a medio día no te puedas quitar nada porque el sudor ya empapó tu camisa de abajo y sería muy vergonzoso que se notara que eres un puerquito delgado que suda por todas partes. Bueno, aquí pasa lo mismo, hace frío y todos muy monos con sus abrigos y sus bufandas, hace calor y todos muy monos con sus abrigos y sus bufandas y sudando como puerquitos delgados; esté tenía una fuga pues aunque ni una gota le escurría por la frente, por las manos vertía todo el agua. 

Finalmente huí, no importa como por que no es interesante, uno huye como puede, lo importante es que lo hace porque siente un peligro inminente ya sea verdadero o no, sentí que debía de huir. Y me dirigí hacía mi departamento pensando en cuántos locos te puedes encontrar en las calles. Siempre que me pasan cosas así me doy cuenta que estoy vieja, estoy vieja y no quiero cagarla y después me pone triste porque uno no quiere ser viejo ni quiere "ya no cagarla" pero después me puse feliz porque me gusta ser vieja y ya no querer cagarla. 

¿y tú qué tal? Tu ausencia me mata, pero a la vez me gusta tu silencio. Siento como si estuvieras de acuerdo conmigo y aunque no leo tu respuesta siento un susurro desde dentro de ti que dice -Esta bien Becca, lo estás haciendo bien. Ojala yo tenga ese efecto en ti también. 

Ahora debo ponerme a trabajar porque no he hecho nada del lado intelectual y me están pisando los talones los eruditos pues quieren ponerle fin a algo que ni he comenzado. 

Te quiero y te extraño, 

Becca 

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