Querida Becca:
Disculpa mi largo letargo, al siguiente día de escribirte mis últimas letras recibí una noticia que me arrancó la voz durante más tiempo del que hubiera querido. Creo que debo saldar mi cuenta con los eventos que dejé sin contarte primero...
Te dije que conocí a Paulina, que estuvo en mi casa y que nos concedimos algunas caricias la noche que durmió en mi casa. La siguiente tarde nos dimos una vuelta por el Castillo de Chapultepec, ya sabes, chan parque, muchos museos al rededor, muy verde... ella estuvo encantada, le tomó fotografías a todo y adoró todas las veces que le fue posible a las ardillas que bajaban y subían de los árboles tan acostumbradas a los peatones humanos que tomaban migajas y galletas de ellos aunque no se los ofrecieran.
Cuando volvimos a casa el pay estaba listo y ella envió algún mensaje a casa para saber si podían ir por ella cuando en la terminal, pero nadie contestó así que le sugerí que se quedara otra noche, que me acompañara a la reunión con los Bravest Weirdos. Y en ese punto todo empezó a ser extraño. De pronto era un chico que iba hasta el otro lado con su chica (después de la noche anterior nos comportábamos más cercanos) de pronto me vi a mi mismo sentado junto a ella en abrigos (ella no había traído uno consigo por lo que tomamos prestado uno que perteneció a mi madre) ya que la noche se anunciaba fría, llevando un pay casero a una reunión de fin de año y cumpleaños de dos de ellos. Me di cuenta de lo serio que se veía eso desde fuera, durante el trayecto hasta la casa de mi amigo Franco estuvimos algo silenciosos, solo tomándonos de las manos y sonriéndonos cuando se daba el momento. Parecía justo lo que hace una pareja de largo tiempo, todo tan formal, todo tan serio... me aterré, pasaba de la primera cita a la posteridad en un solo día, esta mujer a la que no conocía en absoluto, de la que sabía apenas sabía su nombre y apellidos, anécdotas aisladas sobre sus padres, sobre sus gustos personales... ahora estaba junto a mi comportándose como mi pareja temporalmente indefinida, sonriéndome y mirando por la ventanilla a la imperturbable ciudad nocturna desde el abrigo de mi madre.
Para cuando llegamos a casa de Franco había disipado esos pensamientos, o los había apartado, para el caso lo importante es que la reunión siguió su curso, como en otras ocasiones, colocando una lista de música y videos que todos íbamos componiendo en la Mac de Franco. Paulina casi no hablaba con las chicas... y aunque no quería buscarlo noté alguna alegría nostálgica en los ojos de Esperanza durante la noche, pero como siempre lo resolvió entregándose a la fiesta, luego hubo tres guitarras, y los chicos tocaron (Rufo, Fer y Beto), todos menos Franco y yo, él porque no se considera bueno y yo porque no tengo mucha práctica como para hilar dos notas. Tocaron por más de una hora después de cenar, cuando se detuvieron llevé el pay para darnos el postre, notaba algo de cansancio en los ojos de Paulina quien se había mantenido muy al margen de las conversaciones, animada y cortés cuando hablaban con ella pero no muy autónoma. Puntaban las 3 a.m. y tras comer la rebanada pregunté a Paulina si deseaba ir a dormir, en la habitación de Franco, como es usual ya que normalmente todos tienen más madera para aguantar despiertos toda la noche, solo Mary y yo solemos caer a dormir en algún punto dela madrugada.
Nos protegimos de la fría noche bajo las sabanas, la estrechaba entre mis brazos... casi nos quedamos dormidos. Pero no. El resto queda entre las sabanas, Paulina y yo, por supuesto, tal vez también entre el seguro de la puerta (que un par de semanas después me enteré que estaba averiado).
Para no hacer esta historia más larga a la mañana siguiente nos levantamos bastante temprano, lavé algunos trastes de la cena del día anterior (porque no me gusta simplemente dejar a Franco con nuestro desastre), y serví una nueva rebanada a Paulina que deseaba más pay, Fer bajó después, conversó con ella de algo y también le partí una rebanada. Luego cuando Franco despertó me despedí de él, me informó que Esperanza se había quedado a dormir también en esa ocasión, se había quedado de hecho en la habitación contigua. Volvimos a casa temprano, Paulina se dio una ducha antes de ir a dejarla en la terminal y ahí terminó. Su bella silueta en su pequeño abrigo blanco desapareció entre la gente y se despidió con un beso furtivo. Al llegar a casa borré su numero.
Seguimos conversando durante algunos días por las redes hasta que me dijo que había vuelto con su ex-novio, con el cual había arreglado sus problemas. En alguna parte de mi interior sonreí, por la clase de chiste predecible que suele ser mi propia vida.
Lo que sucedió más tarde es que atisbé a esta chica sin nombre que te mencioné en mi carta anterior, y pensé que sería un sacrilegio traspasar el halo de anonimato que nos separa. En el fondo estaba guardándolo para contárselo todo a M quien a finales de noviembre empezó a sentirse mal, fue al medico y le encontraron problemas en la coagulación del torrente sanguíneo. Al empezar el año estaba internada en el hospital, simplemente el medico la quería tener en observación constante ya que los riesgos eran graves. Comencé a tomar unos cursos, durante un tiempo no era posible visitar a M en el hospital, lo horarios me permitían menos flexibilidad, pero pude llamarla brevemente para decirle que todo estaría bien y que esperaba ansiosamente que regresara a las clases. A esas alturas todos la extrañamos en demasía, yo la extraño mucho.
Durante las últimas semanas supe que estaba mejorando, casi totalmente recuperada, quienes podían verla más fácilmente, sus amigas del centro de investigaciones filosóficas y la coordinadora que visito ocasionalmente, me informaron al respecto siempre. Pero unos malestares estomacales dieron signos de algo más. Una vez hablamos sobre las enfermedades que rigieron ciertos periodos de la historia, la peste, la lepra... en la actualidad, decía M, el cáncer.
Su novio, quien conocí en un café cuando comenzaron a salir, me llamó por la tarde para darme la noticia, me dijo donde y a qué hora sería el velorio. Le dije que lo vería por la mañana. Unas horas después las redes sociales se llenaban de la noticia, el hervidero de estudiantes... frases solemnes, comentarios nostálgicos. Preferí apagar la computadora, dormí temprano.
Me vi con Franco en una estación del metro, Rufo y Mary no fueron, para ellos era demasiado, Beto, según supe, fue durante la noche. Conocí a los padres de M, conocí a su hermana quien nos contó varias anécdotas... colegas, amigos, compañeros... me sorprendió ver a gente que nunca pensé que tuvieran un afecto tan serio por ella. Me senté durante unos minutos frente al ataúd cerrado sin saber qué debía hacer, me parecía muy pequeño para el tamaño de su vida. No lloré porque no podía y no dormí porque no quise.
He pasado muchos días jugando Assassin's Creed como un autómata, escarbando hasta el más mínimo rincón del juego para no pensar en la realidad. M... siempre tan modesta, tal que sólo dejó que su funeral fuera entre semana porque estábamos de vacaciones.
Y aquí estoy.
Tus cartas llegaron en mis horas más oscuras, las leí en silencio, sonriendo antes tus versos, expectante ante la escena del metro, como si hubiera estado en las filas sentí divertirme al ver a todos los turistas y sus modos para brincar sobre el orden en la ciudad que se precia de ser la punta de la civilización occidental, me recordó los días que pasábamos en las plazas viendo a las personas e inventándoles historias mientras las observábamos a la distancia.
Significó mucho para mi que no dejaras de escribir a pesar de mi silencio. Te preguntarás si me he despegado del sillón o si he salido a la calle, pues como supondrás, no. Mi dolor se libera en pequeñas dosis cotidianas al ver tal o cual detalle, los recuerdos de M y sus palabras surgen y toman vida en mi a cada esquina. Por eso al terminar las vacaciones, cual si hubiera oído su voz, recordé su frase.
Cuando me relató la depresión que pasó, tiempo antes de conocerla, me contó sobre su sufrimiento, sobre el dolor y de cómo decidió un día levantarse y continuar "Esta bien que sufra uno y todo, pero hay que levantarse y seguir persiguiendo la chuleta..." y es verdad.
Estoy bien, Becca, pero sobre todo: Lo estás haciendo bien.
Sí estoy de acuerdo con todo lo que narraste, sólo me desconcierta un poco cuando dices que te sientes vieja... ¿recuerdas cuando nos dimos cuenta de que somos almas viejas de espíritu joven? No me parece que huyeras... si no que abandonaste algo que ya conoces... tanto. Lo que es viejo nunca deja de envejecer y lo que es joven nunca deja de vivir, es sólo que tu juventud reclama nuevos horizontes, que tu vejez no haya recorrido nunca antes.
Esta carta ha sido más larga que las de otras ocasiones, espero pueda compensar el silencio.
Gracias por no dejar de escribir.
Te quiero también.
Sam.