martes, 9 de julio de 2013

Ésa mujer tan banal


Querida Becca:

Es bueno saber de ti nuevamente, ciertamente es extraño también recibir tu carta, es extraño volver a viejas usanzas de la vida, por alguna razón recordé como cuando hace algunos años abrí esa caja arrinconada en el lugar más oscuro de mi habitación para encontrar mis viejos juguetes, figuras de acción, legos, plastilina y comics que hacía años que no veía, se siente extraño tomarlos de nuevo en tus manos, la familiaridad y la extrañeza, porque podrías volver a usarlos como el infante que, o crees que, aún vive en ti... hasta que te contienes de comportarte como un infante. Esa extrañeza me produce la carta, pero al igual que aquél día me dije 'al diablo' y me porté como antes. Estas letras son la muestra.
Lamento que ese idiota, actuara así, porque como recordarás, también tuve simpatía por él al final de las ocasiones en que lo conocí, no pretendo excusarlo cuando te digo que no es una mala persona, sólo es un pendejo demasiado lento para ver la vida. Recordarás que él tenía una 'amiga' de la que sabíamos alguna que otra cosa, recordarás que te dije que la conquistaría sólo para ver hasta donde llegaba y cómo sufría;  pues, justo hace pocos días tras una larga temporada de mucho romance, de gestos emotivos, de halagos y buenos ánimos (a mi parecer interesados, pues sospecho que sólo aparecía cuando necesitaba afecto) y después de un silencio expectante (sencillamente dejé de buscarla y hablarle hasta que ella vino a mi), le dije con sencillez: "me gustaba mucho hablar contigo, pero ahora siento que tú tienes tus propios problemas y no puedo acompañarte, por eso, dejare de hablarte un rato hasta que me sienta mejor respecto de ti"
Casi como si lo hubiera sacado de las páginas de un texto, tan previsto estaba el mensaje.
Ella se disculpó por involucrarme en sus problemas, sin saber si había hecho algo malo, dijo respetar mi decisión y me deseo buenas cosas para mi vida, esperando el día que yo me reponga para volverle a hablar. Me quedó un sabor inseguro sobre si era indignidad lo que empañaba sus palabras o un secreto dolor. Tal vez las dos cosas. Durante mucho tiempo fui quien escuchó sus quejas sobre cosas tan vilmente banales que evidenciaban las grandes cantidades de información que mantenía oculta, mientras más hablaba, más ocultaba y más le detestaba. Porque desde que salí con Esperanza, aquella a quien le regalé esta novela titulada con su nombre, he repudiado a las mujeres que ocultan sus grandes pecados para poder mantener una relación 'pura' contigo de la que puedan escapar de sus vidas decadentes. Terco como soy, después de ella conocí a una nueva chica, que no sólo tenía los mismos conflictos, si no que sus inseguridades y tendencias suicidas me llevaron hasta los confines del estrés. Hasta que decidí abandonarla. No fue una decisión que tomé solo... pero siento que divago.
Todo esto para decirte que, esa mujer que encandilaba y estupidizaba a aquel amigo nuestro que ahora nos trata con tal hipocresía, de alguna manera, quiero pensar, recibió lo que merecía.
Al final todos lo recibimos.
Y como verás usé la palabra 'pecados', si bien es cierto que asisto todos los domingos al servicio, que escucho las palabras de predicadores y hombres de fe, discrepo mucho de ellos actualmente. Durante varios años, cuando formé una personalidad más madura escuché a todos esos hombre hablar de dios y las bondades de tener su fe, mientras coqueteaban entre los terrenos de la espiritualidad y el negocio como ninfas danzando en círculos de trigo. No sé si es la economía descendente que atormenta nuestra generación o si los dirigentes cambiaron, pero mientras más me adentré más vislumbré su actitud casi empresaria y el olor me vino tan repugnante que tomé mi distancia.
Todo ello a partir de que quise contribuir de alguna manera ayudando como cuidador con los niños de cinco a diez años, aproximadamente. Los niños son fantásticos, y a pesar del poco tiempo que tuve para acercarme a ellos tuve un gran temor como hacía mucho no había tenido. Sentí como si estuviera extranjero en una tierra extraña, tan solo quince niños, y todos ellos me mostraron la esencia del caos y el orden simultaneo. Tuve miedo de decir algo o hacer algo que los dañase, criaturas tan pequeñas y frágiles, y sin embargo firmes y asertivas...
Me dí cuenta de que me había convertido en un 'adulto' en alguien serio y silencioso, observador y juicioso. Me avergoncé de mi mismo y esperé con ansias la próxima ocasión en que los viera, pero esa ocasión ya no llegó. Me 'procesaron', de alguna manera, revisando mi condición de creyente, y evaluando mi nivel de fe, con gestos simbólicos que se hacen públicos, ritos, que no hace falta explicitar, Ele, no hoy; finalmente les parecí poco convincente, hablé con tres personas para tomar consejo, para saber qué hacía falta. Una era la mujer y madre encargada del 'ministerio infantil' ella fue algo más juiciosa y al preguntar sobre mi trenza de cañamo, temo haberla ofendido al hablar sobre su significado vinculado al prejuicio y los conocimientos sobre la sociedad y la cultura que he llegado a adquirir. Después hablé con una de las maestras, una persona agradable y accesible, quien en cierta manera no me ayudó sino que trató de excusar a la encargada de los niños. Finalmente hablé con el pastor con quien en algunas ocasiones consulté alguna que otra duda, más de orden filológico sobre la biblia. Todo ese proceso sirvió para notar que existen dos grandes grupos familiares que componen esta congregación, tan contrastantes, pero que institucionalizando la fe han encontrado el perfecto punto de armonía. Tuve una visión entonces. Y claro que soy metafórico.
Recientemente nacieron los hijos de tres matrimonios cuyas parejas se habían diagnosticado infértiles o con complicaciones. Tres niños han nacido, uno cada año, y el último tiene apenas unos días, por lo que no he llegado a vislumbrar nada acerca de él todavía. Son los otros dos niños, con dos y un año cumplidos quienes me entregan en sus rostros casi una completa personalidad, puedo ver en ellos caracteres dominantes y  singulares, pero sobre todo, niños que pelearan incansablemente en una competencia tácita, veo que dos grandes familias que nunca se han enlazado sino que solo han convivido encontrarán la discordia en ellos dos y se separarán. La congregación se fragmentará y se disolverá lentamente...
La visión sobre ellos se me ha antojado tan buena que pensé escribirla en una obra dramática o en un texto épico, claro adaptado, nadie quiere oír sobre religiosos en disputa.
Lo ultimo que he tomado de ellos ha sido una serie de cursos sobre teología, me han dado alguna información interesante y hago bastantes notas al respecto, pero si las leyeras, Ele, reirías a mi lado mientras los demás asistentes se quedarían viéndonos preguntándose qué fue tan gracioso. mientras ellos hablan sobre la lectura de la biblia, sobre el espíritu santo y sus apóstoles, hago notas sobre lo que es la realidad, sobre si la verdad entonces es dios como una forma de nombrar el objeto, lo objetivo, contra lo perceptivo... cosas de ese tipo, más de corte filosófico.
El tipo de personas que conforman esa congregación vienen de vidas tormentosas, muchos de ellos han sido rescatados de la miseria, no refiriéndome a la pobreza y la carencia si no al abandono de toda humanidad, del despojo de la dignidad y la perdida de su autoestima. Es gente que necesitaba un salvador, alguien que los rescatara. Y lo encontraron. A varios les parece extraño lo que comento, dudo que los propios instructores comprendan lo que quiero saber cuando pregunto algo, supongo que ello ha contribuido a que les desconcierte mis actos.
Al igual que tú paso mucho tiempo pensando y haciendo notas o dibujos cuando asisto los domingos, cosas sobre mis mundos ficticios, sobre la vida, sobre las mujeres que detesto, sobre las personas con quien estoy, pienso también sobre ti, sobre tu rincón allá en el otro lado del mundo, tu lado frío tanto en el clima como en la gente. Preguntándome si estarás bien.
Creo en los milagros cuando, al pensar tanto en alguien que extrañas, de pronto llega una carta de Nantes para mi. de hecho, el domingo pasado mientras el predicador hablaba de algo que ya dejé en el recuerdo perecedero, dijeron alguna frase: 'a los suyos vino y los suyos no le reconocieron', los horizontes de esas frase fueron inconmensurables y me pregunté si alguna vez no reconocí a alguien importante o si, alguna vez no fui reconocido, las anécdotas las historias ligadas a esos pensamientos son extensas. Desearía tener solo una tarde de parque para contártelas todas, una tarde más para intercalar a todas estas historias tus narraciones.
Me maravilla el corazón recibir tus palabras, por favor no escatimes en paginas, las leeré todas ávidamente.

atte, Samuel Blanche

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