Querido Samuel,
Comenzaré
por decirte que no lamentes por ese idiota. No deberíamos de lamentarnos por
nadie; ni por el idiota que no le dijo a su amiga, que tampoco era su amiga,
que ya tenía novia; ni por la idiota que te llora cuando necesita cobijo porque
se siente insegura o esta aburrida o se ha dado cuenta que eres la única
persona que sin prejuicios escuchas porque haz entendido que una de las claves
para entender a las féminas es escuchar sin buscar soluciones. Teníamos un buen
plan, podrías haberla conquistado aunque creo que tus conquistas son más
mentales y emocionales que físicas y es curioso ese hecho. Estuve pensando
estos días acerca de lo que me contabas y después vi un programa pourri[1]
donde un muchacho adolescente, le pedía a su novia que le diera “una prueba
de amor” ya sabes, lo clásico. Entonces se mezclaron mis pensamientos y pensé
en ti y en otros amigos que siempre terminan siendo mejores amigos. Conquistan
los sentimientos, lo intelectual y cuando llega el intercambió físico, entonces
no quieren y claro, ustedes nunca presionan realmente con eso en cambió
muchacho del programa ese presionaba a la
chica y luego llegue a la misma conclusión de siempre, somos unos jodidos
chantajistas que no hemos aprendido a obtener lo que queremos más que así, con
presiones y mentiras a medias y cuando llega alguien que está menos jodido entonces
mandan al friendzone. Y es que, por qué
no querer con alguien cabrón ¿no? Él que te dirá que eres una minúscula partícula
inexistente y te hace el favor de voltearte a ver y ella que te hará creer que
eres el chico que busca y luego te dirá que no quiere perder la amistad.
Estamos jodidos en todo el mundo, sólo que por cada país podríamos explicar
cómo es que está jodido en esta área. Porque de este lado, muchos, la mayoría,
prometen ser los mejores amantes. Promesas, promesas y más promesas.
Regresando
al tema, creo que cuando le vuelvas a hablar será tan difícil como la primera
vez pero llevarás ventaja. Estarás expectante como todos estamos cuando
hablamos con alguien pero sabrás de antemano que cada palabra que te escribe o
te pronuncia esconde una pequeña falacia codificada. Estarás consciente que el “te
extraño” pertenece a una escala de valores; ese mismo se reutiliza dependiendo de
quién sea el interlocutor que interactúa con ella; ese mismo lo utilizaba
contigo, lo utilizará contigo y lo hace con otros cinco, diez, quince… quien
sabe y cada uno estará ubicado en una posición diferente.
Con
respecto a la congregación que te acobijo hace unos ayeres expectante a que
decidieras dejar tu escepticismo y te rindieras ante la sabiduría del señor,
desde mi punto de vista creo que puedo decirlo libremente, jamás ibas a pertenecer
ahí. Haces demasiadas preguntas: ¿por qué esto? ¿por qué lo otro? ¿por qué si
El Señor no nos juzga tengo que cortar mi trenza? Fueron demasiados por qué y
no le gusto a ninguno de los “superiores”. Por el contrario, el temor que
encontraste al ver la inocencia de los niños es normal. Tú ya no eres un niño, yo ya no soy
una niña. Ya no tengo diez años, ya no tenemos. A los diez años iba yo en
primaria, como tercero de primaria. Tenía problemas de asma, no podía hacer
muchas cosas y vivía con miedo debido a una maestra que cuando recuerdo sólo
aparece una representación que me hice de su imagen y no su imagen misma. Se llamaba Laura, Miss Laura y la representación
que aparece en mis recuerdos es de una mujer con cabello corto color rojo
cobrizo y un poco rizado con unos ojos verdes como el pasto y una sonrisa
gigante con unos dientes blancos. Releyendo me doy cuenta que esta descripción no
hace justicia a lo que veo cuando cierro los ojos. Esta ahí sentada en su
escritorio y cuando me mira, sus ojos verdes se ven enormes y parece que hay
fuego dentro de ellos y su sonrisa se vuelve mucho más grande que las sonrisas
normales, desproporcional a su cara. Me asusta, me asustaba mucho en aquel
entonces. Así viví mis 10 años con la inocencia de una niña que no pensaba en
mucho sino en pasar la clase sin que ese demonio personificado me comiera viva.
Era horrible, recuerdo incluso que siempre sacaba de su bolso una servilleta
que cubría algo y si alguno de mis compañeros se comía las uñas, ponía esa
servilleta sobre su escritorio y dejaba al descubierto su contenido mientras
riendo decía “para que se te quite el hambre”. Supongo que todos tenemos
historias jodidas como esa. Creo que hay que recordar que somos lo que somos
por lo que vivimos; nos vamos construyendo a partir de todo lo que
experimentamos, sentimos y vivimos; y sobre todo creo que lo importante es no
perder ese niño que llevamos dentro. Suena asquerosamente kitsh pero es verdad. Es la única manera de seguir teniendo el caos y el orden simultáneamente. Por eso peleo tanto con ser adulto aunque
últimamente siento una necesidad de hacer cosas de adulto que son
incontrolables, we can’t defy mother
nature. Sin embargo, se puede ser los dos, de eso estoy segura. Sólo que aún
no encuentro la formula correcta y exacta para combinar las dos sin que seas
más caos que orden o viceversa. No puedo decir más al respecto, sin la formula
estamos destinados a volvernos adultos.
Por
otra parte, te aviso que llegó el sol a esta parte del planeta. Aún hace frío y
un viento horrible pero si te quedas en el sol un rato te empieza a calentar. Está
bien, trabajo mejor, duermo menos lo que indica que sigo sanamente loca. Lo malo
es que me entran esas ganas de comprar cosas y no tengo dinero ni promesa de
trabajo. Intente para chacha y ya tenían, intente en una tienda y ya
encontraron, mandé para cuidar a dos niños, pedían que hablaras español e
inglés; no he tenido respuesta ni creo que tenga. No importa, no me importa.
¿Ves? Creo que es una característica de los niños, les importan otras cosas que
no son realmente importantes y las cosas importantes las descalifican de tal
manera que pierden importancia. Seré pobre, o no lo seré pero no puedo hacer
nada para que pase lo contrario más que enviar mis CVs a todas partes esperando
que alguien crea que soy apta para el puesto.
Es
triste la vida y no lo es y eso es más triste.
Querido
Sam me despido porque no he comido, porque olvido comer o tengo mucha flojera
de pensar qué puedo hacerme de comer y después lo olvido hasta que el estómago
reclama.
Me
despido por el momento y esperando tu pronta respuesta regreso a mis andadas.
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