viernes, 12 de julio de 2013

El sol regresó a este rincón del planeta


Querido Samuel,

Comenzaré por decirte que no lamentes por ese idiota. No deberíamos de lamentarnos por nadie; ni por el idiota que no le dijo a su amiga, que tampoco era su amiga, que ya tenía novia; ni por la idiota que te llora cuando necesita cobijo porque se siente insegura o esta aburrida o se ha dado cuenta que eres la única persona que sin prejuicios escuchas porque haz entendido que una de las claves para entender a las féminas es escuchar sin buscar soluciones. Teníamos un buen plan, podrías haberla conquistado aunque creo que tus conquistas son más mentales y emocionales que físicas y es curioso ese hecho. Estuve pensando estos días acerca de lo que me contabas y después vi un programa pourri[1] donde un muchacho adolescente, le pedía a su novia que le diera “una prueba de amor” ya sabes, lo clásico. Entonces se mezclaron mis pensamientos y pensé en ti y en otros amigos que siempre terminan siendo mejores amigos. Conquistan los sentimientos, lo intelectual y cuando llega el intercambió físico, entonces no quieren y claro, ustedes nunca presionan realmente con eso en cambió muchacho del programa ese presionaba a  la chica y luego llegue a la misma conclusión de siempre, somos unos jodidos chantajistas que no hemos aprendido a obtener lo que queremos más que así, con presiones y mentiras a medias y cuando llega alguien que está menos jodido entonces mandan al friendzone.  Y es que, por qué no querer con alguien cabrón ¿no? Él que te dirá que eres una minúscula partícula inexistente y te hace el favor de voltearte a ver y ella que te hará creer que eres el chico que busca y luego te dirá que no quiere perder la amistad. Estamos jodidos en todo el mundo, sólo que por cada país podríamos explicar cómo es que está jodido en esta área. Porque de este lado, muchos, la mayoría, prometen ser los mejores amantes. Promesas, promesas y más promesas.

Regresando al tema, creo que cuando le vuelvas a hablar será tan difícil como la primera vez pero llevarás ventaja. Estarás expectante como todos estamos cuando hablamos con alguien pero sabrás de antemano que cada palabra que te escribe o te pronuncia esconde una pequeña falacia codificada. Estarás consciente que el “te extraño” pertenece a una escala de valores; ese mismo se reutiliza dependiendo de quién sea el interlocutor que interactúa con ella; ese mismo lo utilizaba contigo, lo utilizará contigo y lo hace con otros cinco, diez, quince… quien sabe y cada uno estará ubicado en una posición diferente.

Con respecto a la congregación que te acobijo hace unos ayeres expectante a que decidieras dejar tu escepticismo y te rindieras ante la sabiduría del señor, desde mi punto de vista creo que puedo decirlo libremente, jamás ibas a pertenecer ahí. Haces demasiadas preguntas: ¿por qué esto? ¿por qué lo otro? ¿por qué si El Señor no nos juzga tengo que cortar mi trenza? Fueron demasiados por qué y no le gusto a ninguno de los “superiores”. Por el contrario, el temor que encontraste al ver la inocencia de los niños    es normal. Tú ya no eres un niño, yo ya no soy una niña. Ya no tengo diez años, ya no tenemos. A los diez años iba yo en primaria, como tercero de primaria. Tenía problemas de asma, no podía hacer muchas cosas y vivía con miedo debido a una maestra que cuando recuerdo sólo aparece una representación que me hice de su imagen y no su imagen misma.  Se llamaba Laura, Miss Laura y la representación que aparece en mis recuerdos es de una mujer con cabello corto color rojo cobrizo y un poco rizado con unos ojos verdes como el pasto y una sonrisa gigante con unos dientes blancos. Releyendo me doy cuenta que esta descripción no hace justicia a lo que veo cuando cierro los ojos. Esta ahí sentada en su escritorio y cuando me mira, sus ojos verdes se ven enormes y parece que hay fuego dentro de ellos y su sonrisa se vuelve mucho más grande que las sonrisas normales, desproporcional a su cara. Me asusta, me asustaba mucho en aquel entonces. Así viví mis 10 años con la inocencia de una niña que no pensaba en mucho sino en pasar la clase sin que ese demonio personificado me comiera viva. Era horrible, recuerdo incluso que siempre sacaba de su bolso una servilleta que cubría algo y si alguno de mis compañeros se comía las uñas, ponía esa servilleta sobre su escritorio y dejaba al descubierto su contenido mientras riendo decía “para que se te quite el hambre”. Supongo que todos tenemos historias jodidas como esa. Creo que hay que recordar que somos lo que somos por lo que vivimos; nos vamos construyendo a partir de todo lo que experimentamos, sentimos y vivimos; y sobre todo creo que lo importante es no perder ese niño que llevamos dentro. Suena asquerosamente kitsh pero es verdad. Es la única manera de seguir teniendo el caos y el orden simultáneamente. Por eso peleo tanto con ser adulto aunque últimamente siento una necesidad de hacer cosas de adulto que son incontrolables, we can’t defy mother nature. Sin embargo, se puede ser los dos, de eso estoy segura. Sólo que aún no encuentro la formula correcta y exacta para combinar las dos sin que seas más caos que orden o viceversa. No puedo decir más al respecto, sin la formula estamos destinados a volvernos adultos.

Por otra parte, te aviso que llegó el sol a esta parte del planeta. Aún hace frío y un viento horrible pero si te quedas en el sol un rato te empieza a calentar. Está bien, trabajo mejor, duermo menos lo que indica que sigo sanamente loca. Lo malo es que me entran esas ganas de comprar cosas y no tengo dinero ni promesa de trabajo. Intente para chacha y ya tenían, intente en una tienda y ya encontraron, mandé para cuidar a dos niños, pedían que hablaras español e inglés; no he tenido respuesta ni creo que tenga. No importa, no me importa. ¿Ves? Creo que es una característica de los niños, les importan otras cosas que no son realmente importantes y las cosas importantes las descalifican de tal manera que pierden importancia. Seré pobre, o no lo seré pero no puedo hacer nada para que pase lo contrario más que enviar mis CVs a todas partes esperando que alguien crea que soy apta para el puesto.
Es triste la vida y no lo es y eso es más triste.

Querido Sam me despido porque no he comido, porque olvido comer o tengo mucha flojera de pensar qué puedo hacerme de comer y después lo olvido hasta que el estómago reclama.

Me despido por el momento y esperando tu pronta respuesta regreso a mis andadas.



Bec




[1] Chafa 

No hay comentarios:

Publicar un comentario