miércoles, 3 de julio de 2013

Aquél amigo tan querido

Querido Samuel,

Es la primera carta que te envió y me siento algo extraña por hacerlo ahora, pero me sentiría más extraña si no lo hiciera.

Como sabes, la vida acá es gris y nublada, de repente sentí esta extraña necesidad de escribirte acerca de lo que sucede, lo que veo, mis preocupaciones. Primero, ¿Recuerdas de aquel amigo que quise mucho? Ya no lo quiero más. Creo que es una de las tantas cosas que me cuesta trabajo aceptar… cuando alguien que es tú amigo de pronto ya no lo es. Mi fortuna es que siempre te tendré Blanche, de otra forma no sé qué pasaría. Sigo, me llegó un mensaje de nuestros camaradas que decía: “Adivina quién tiene novia…”; supe que aquel hijo de puta me lo había escondido todo este tiempo y ahora me estaba enterando por un tercero. No es por la novia, él podría andar con un cactus y me daría lo mismo. Es el “somos los mejores amigos” en el que tanto insisten el que no cuadra cuando alguien de la nada deja de hablarte. Pero no deseo abrumarte más con eso. Este fin de semana de pâques, como dices aquí, me fui a un pueblo con mi cheri, lleve mi máquina para hacer unos trabajos, pero olvide la tinta. Imaginarás la cara de mensa que puse cuando subiendo las escaleras, con todo mi equipo recordé que había dejado la tinta en la parte de debajo de la alacena, el muchacho a quien iba a decorar solamente me miró con decepción y quedamos en que lo decoraría en dos semanas. Estábamos ahí bebiendo whisky con coca (dato curioso: él le llamaba “sky” y obviamente no entendía porque allá sky es un vodka), tras unos cuantos vasos y sonaron las campanas de una iglesia que está enfrente y a mi querido se le ocurrió la buena idea de ir. Y es que todo ese día habíamos discutido de la religión porque él no cree en nada; entonces, cada que me decía que no creía en dios le preguntaba “¿Y a quien vas a acudir cuando pase algo que está más allá de ti?”, finalmente terminamos en la misa de las nueve, y sabes, la misa acá es igual pero diferente…

Fundamentalmente por la iglesia, porque en primera es blanca por dentro y altísima, produciendo un eco extraño y al mismo tiempo celestial. Los cantos eran los mismos, simplemente en otro idioma, no entendí muy bien la misa pero hubo tres bautizos de niños, me pareció, de entre 5 y 10 años. La verdad tuve que salir de ahí cuando el padre empezó a preguntarles si renunciaban al pecado y es que me dieron ganas intensas de gritar “bueno y ¿qué es el pecado?”. Tú has de entender más eso, vas los domingos a escuchar y supongo que entenderás mejor. En fin, no recordaba qué se sentía ir a la iglesia y estando ahí escuchando algo que no entendía hice lo que cada vez que estoy en una iglesia hago, pensar.

Y recordé algo que leí por ahí... la historia de una madre y su hija, quienes se despedían en un aeropuerto mientras alguien ajeno las observaba, escuchó que la madre dijo a la hija que le deseaba que tuviera lo suficiente, cuando la hija se hubo ido este extraño preguntó a la madre por qué le había dicho eso y la mujer respondió que su hija viajaría muy lejos y la próxima vez que se vieran iba a ser en su funeral, le deseaba que tuviera lo suficiente, suficiente felicidad, suficientes emociones, suficiente luz cuando estuviera triste, suficiente lluvia cuando hubiera sol, y así… no recuerdo muy bieny y tal vez parte, la improvisé, lo leí en algún lugar perdido del internet. El caso es que pensé precisamente que… suficiente no estaba resultando tan suficiente para mí. Y me deprimí de nuevo.

Así pasa con mis pensamientos. Y luego con esta noticia sobre corea… dan mucho que pensar a alguien que se niega a concentrarse en una sola cosa.

Bueno, me despido porque es hora de dormir…
Espero no se notasen los tropiezos de mi pluma al escribir cansada.

¿Tú que tienes qué contarme? ¿Qué pasa del otro lado del mundo?



atte, Becca Zita

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