miércoles, 9 de abril de 2014

Como si hubiese parido un hijo...

Querido Sam:

No puedo explicarte el porqué de mi ausencia, sólo puedo decirte que así es conmigo. A veces estoy y a veces no. Han pasado nueve meses —mismos donde pude haber procreado un hijo— desde tu última carta. Y releyéndola me doy cuenta que no tengo idea de porque te pasan todos esos infortunios. Entre la tal Esperanza —que he olvidado — y Aria —que también he olvidado— no quiero imaginar en dónde estás parado ahorita. Me refiero a que no podría imaginar qué ha pasado todos estos meses. Sin embargo, lo sé. Los rumores corren rápido y me han dicho que estuviste tras unas faldas no capitalinas. Espero no te hayas enamorado, aunque conociéndote sé que así fue. 

En realidad no tengo mucho que contarte, las tierras nórdicas han empezado a descongelarse y la primavera —por primera vez —está llegando. Aun se siente el frío invernal en las mañanas y a veces llueve durante el día, pero una vez que las nubes se han vaciado, el cielo se despeja y puedes sentir los ligeros rayos del sol ficticio que no te calientan. También están apareciendo flores, ya no sólo los capullos sino las flores. Hoy me di cuenta de eso cuando iba caminando para tomar el Tranvía. El año pasado hacía demasiado frío, tanto que quemo todo. Ahora empiezan a haber caminos de flores amarillas, particulares de la región, decorando cualquier espacio pastoso que se haya colado entre el cemento de las calles.

En cuanto a mis proyectos personales/profesionales, me estoy hundiendo. Mi tema de investigación está cayéndose en un hoyo sin fondo. Leo y leo y no avanzo, ningún análisis parece el correcto y siempre que hay una nueva idea, existe alguien que ya la pensó hace 50 años. No me quejo de eso, debí de haber estudiado otra cosa. Digamos que por ahora, eso retiene toda mi atención.

No te haz de acordar de mon coeur —como me gusta llamarle— pero ahora vivimos en armonía. Digamos que después de tres años, las tierras nórdicas comienzan a aceptar que vivo aquí y han dejado de ser hostiles. Lo único que me preocupa es el trabajo, debería de tener uno para poder comprar más libros y cigarros, la base de mi alimentación.

Creo que me estoy volviendo adulto maduro y las tempestades del corazón se han calmado a ser aguas de algún lago en medio de dos montañas en alguna parte de Estados Unidos, donde no pasa nada. O peor aún, en algún lugar de Canadá donde la gente sonríe y es amigable —de acuerdo con lo que uno cree, porque no todo es así.

No sé qué más decirte, ni tengo mucha inspiración pero quería responderte. Ahora me gustaría que me respondieras diciéndome no sólo cómo has estado sino también como va el ámbito profesional. Había una tira cómica en camino, ¿aún tienes ese proyecto? ¿Algún nuevo amor que valga la pena contar? ¿Alguna traición que hayas cometido?

Me río con lo último, porque te conozco y no creo que traicionaras a nadie, exceptuando el rumor que dice que saliste con la novia de uno de tus amigos, pero supongo es falta de maldad lo que no te permite concebir que eso se pueda malinterpretar.
En fin, te dejo que las papas se queman —ves, soy toda una mujer adulta.

Muchos saludos, 

Becca 

No hay comentarios:

Publicar un comentario