sábado, 12 de abril de 2014

La mujer sin nombre y los Bravest Weirdos.


Querida Alex:

También lamento mi ausencia, hay muchas cosas que contar sobre los últimos meses (no los había contado y me ha sorprendido que pasaran tantos meses...) Los devenires de estos últimos meses fueron largos, estuve tan inmerso en ellos que no noté cuanta falta me hacían tus letras hasta el preciso momento en que encontré en mi correo tu sobre. Me sentí tan fatigado y sensible que aquel día no hice más que rendirme en mi cama hasta la siguiente tarde. Soñé algo maravilloso y luego desperté, desperté tan entusiasmado que me senté al escritorio a escribirte una respuesta con tu carta en mano, y aquí estoy...

Quiero responderte a cada punto y pregunta que hiciste, no me gustaría que esta carta fuera demasiado larga pero, de fallar en esa empresa compraré más timbres y asunto arreglado. Me alegra que votre coeur y tú estén mejor, me alegra que puedas sentir que la ciudad te quiere más, yo aún recuerdo la blusa que aquella chica te regaló al bajar del metrobús simplemente porque le gustó el tatuaje de tu nuca... las galletas que nos dio esa señora, el obsequio de la mujer de la librería y todos los otros tratos de la ciudad en ese día, insólitos, inesperados. Cualquiera citadino estará de acuerdo en que la ciudad se enamoró de ti, y cual joven enamorado, te hizo pequeños gestos para convencerte... de algo.
Tras un largo tiempo de abandonar lo de Esperanza, fui a caer en lo brazos de Aria, mi amigo Pepe pasó mucho tiempo haciéndome un gesto de desaprobación con la cabeza cada vez que Aria y yo volvíamos a reanudar nuestros encuentros, pero M me hizo recapacitar y finalmente tomé fuerzas y abandoné tanto caos y destrucción escondido en los labios de Aria para caer en el deseo de otra mujer fatal. 
Casi un año cumplido tras esos eventos vi por los pasillos a una chica singular, no bella aunque me encanta, no llamativa aunque siempre atrae mi mirada, simplemente tal como ella es... estuve decidido a averiguarlo todo como siempre hago, acercarme y saludarla como por accidente, conocerla lentamente con perspicacia dejandole claro en sutiles pistas que la puedo ver como si mi pensamiento fuera el suyo propio, pensé en enamorarla como hice anteriormente con Aria, o Esperanza... pero me detuve, de pronto supe como terminaría todo, como ella un día consideraría que ni todos los detalles del mundo ni todo el halo de magia en torno a ella hacen que sea importante... y me abandonaría. Decidí dejarla ahí, como una mujer sin nombre que admiro y observo, cual flor en un jardín que nunca se corta, en su estado natural, sin que la perturbe mi mano y sin que me espine la palma al intentar tocar su corazón.
Luego conocí a una mujer de tu ciudad, quien también había terminado una relación y al igual que yo necesitaba alegrarse un poco. Al principio era una amistad simplemente, así que recordando mi prolongado letargo de tristezas tras Aria, pensé: no será malo hacerle una visita a Paulina, y fui para allá. 
Salí un domingo temprano y llegué a tu bella y tranquila ciudad antes del medio día, ella fue a recogerme a la terminal y ambulamos toda la tarde por el centro, visitando iglesias para admirarles desde fuera, por dos motivos: ella sabía de todas ellas y yo estuve encantado porque últimamente tomé la consola y un videojuego llamado Assasin's Creed. Sé lo que estás pensando: Distractores. Lo sé, pero la historia tiene lugar en varias de las ciudades de Italia con las que, recordarás,  he soñado tantas veces... con la Italia de Leonardo, Florencia, la Toscana, Venecia... cuando eramos más jóvenes y pasábamos las tardes soñando con el mañana, tu a tu manera tan sensata y siempre realista, yo con mi manera tan nostálgica de ver el futuro anclado en el pasado.
Y al ver esas iglesias pensaba en esos días nuestros, y en esa ciudad lejana que aún me sueña, así  llegó la noche mientras hablábamos de nuestras carreras y nuestros propósitos, compartimos un pan en una pequeña plaza, en los ojos de Paulina vi una bella inocencia al contarme sobre sus jóvenes días y pensé en invitarla a pasar unos días en mi ciudad. Ella aceptó y una semana después iba a recogerla en la terminal del norte, ese fin de semana había una reunión con los Bravest Weirdos. 
Aquí es donde debo abreviar una serie de hechos... Esperanza llegó a conocer a todos los amigos, Franco además solía considerarla como mi mejor pareja, Rufo era algo más neutral pero su novia Mary, partidaria de mis cuitas por ella causadas, no estaba muy convencida y Fer solo emitió su juicio cuando se lo pregunté directamente... él, tiene una singular sensibilidad con las cosas, será por su habilidad al tocar la guitarra pero cuando observa a las personas ve más allá que solo sus actos y gestos, ve su corazón. Él considera a Esperanza una buena chica, pero no una buena persona, el día que me explicó todo eso detalló tantas cosas que tal vez un día si el azar nos reúne de nuevo, o en otra carta, te las contaré ampliamente. Así, cuando comenzamos a concurrirnos los seis, Esperanza propuso el nuevo nombre para el grupo y pasamos a ser los Bravest Weirdos, un par de meses antes habíamos acordado reunirnos para despedir el año y dos días antes de la fecha acordada llegó Paulina a la ciudad. En un principio el plan era que regresaría esa tarde y yo luego iría a nuestra pequeña fiesta, pero alargó su estadía... habrán sido las fotografías que nos tomamos o las largas caminatas que dimos, los interiores del museo nacional de arte, probablemente que está marcado con el numero 8, tan significante para ella... o el pay... porque la noche antes de la fiesta preparé un pay de durazno que prometí llevar y entre la elaboración y la ligera platica nocturna nos hicimos de besos y caricias. Le dije que me gustaría estudiar el aprendizaje de nuestros hijos si ella estaba dispuesta a tenerlos conmigo... aunque yo estaba durmiendo en la sala, no hubo mayor impedimento para acurrucarnos en el sillón esa noche y quedarnos dormidos mientras nos reíamos y besábamos.

En este punto he de detenerme, pues la extensión de esta carta ya tiene tal volumen... y la tarde comienza a demandarme deberes, pasaré a dejar esto en el correo y por la noche o mañana temprano continuaré escribiéndote, lo prometo. A estas alturas he olvidado el sueño que tuve pero espero rescatarlo más adelante. También noto que me he convertido en alguien ocupado... y también pobre... jaja.

Me da mucho gusto saber de ti, y volvernos a escribir. Siento en mis manos y letras un cálido entusiasmo...
Sam

No hay comentarios:

Publicar un comentario