sábado, 14 de junio de 2014

Le encantaría a Foucault...

Becca, querida:

Cuando te enojas conmigo me hablas de usted, comprendo, no he escrito en varias semanas como debería, sé que no te molesta que me tarde, ni mis probables excusas, te molesta la desatención. Te molesta el silencio de dar por sentado algunas cosas, lo sé, y la sensación de vacío que eso te hace sentir, de ausencia, de olvido. Me disculpo y te reitero, que no ha sido eso.

La semana seguida a tu carta sobre las letras griegas aún pensaba en qué escribirte, no sabía qué contar, de pronto la visión de mis días parece permanecer suspendida en la ingravidez, por mi parte seguí con mis rutinas como siempre, supongo que aún sigo algo afectado. Esta semana terminaron los deberes con algunos compromisos, terminé el curso de japonés, terminó también esa clase sobre neurociencias que estuve tomando. Pero el termino de estas sólo vino a mostrarme que no he hecho otra cosa que evadirme de hacer lo que realmente debo hacer, no que deba abandonarles porque carezcan de importancia, sino que hay muchas cosas que habría de estar haciendo.
La última semana de mayo me reuní con los BW, porque Rufo quería hablar sobre un proyecto, Rufo es el más joven de todos, y ello tomó relevancia por lo que explico a continuación. Nos llevó al café La Habana, y mientras comíamos algo ligero y bebíamos café (tuve el desatino de pedir un irlandés y descubrí que lo preparaban con más whisky del que estoy acostumbrado) nos explicó: quería que construyéramos un proyecto editorial y discográfico del tipo hágalo usted mismo, al principio, como suele pasar con él, no sabía explicar muy bien qué quería, no sé si ello ya lo había hablado con Mary, quien no estaba presente, y le hacía falta apoyarse en ella para darse a entender, supongo que al final su mensaje era claro, quería construir algo con nosotros. Así que hablamos.

Otra historia es que tras la muerte de M tomé un pequeño librillo en mis manos llamado 'Foucault en 90 Minutos', eso y la nueva edición de Assassins Creed fueron mis mayores actividades del mes y como un particular gancho al hígado de mis compulsiones, el jueves que me enfermé terriblemente y padecí con la temperatura de mi cuerpo, tomé el control de la consola y en lugar de seguir resolviendo los puzzles secundarios del videojuego como suelo hacer, me aceleré y pronto la historia del juego tomó ruta hacia la recta final y terminó antes de que tuviera control del asunto, dejándome en varios aspectos incompleto. Si me lo hubiera tomado con calma desde que encendí la consola no habría cruzado el maldito punto sin retorno de la historia, que para colmo se guarda en automático, por lo que me es imposible regresar al punto anterior y jodió mi intención de terminarlo por completo. Pero hablaba sobre Foucault.
Por alguna extraña razón nunca había asociado su discurso sobre la comunidad gay, la locura y las instituciones del poder con la causa de su muerte, el sida, y la posibilidad de que él mismo fuera un aficionado al sadomasoquismo y los baños públicos de libertinaje sexual, tras leer algunos breves chismes sobre su vida social consideré que no había reflexionado bien sobre su vida, de alguna manera mi mente había considerado que no era necesario que él experimentara de primera mano de todo lo que hablaba, tal vez porque en alguna parte de mí no lo considero. Estar de parte de algo cuando no lo experimentas por ti mismo es comprensión, después de todo, eso lleva a la aceptación y es la ultima fase de esa minorias de las que tanto habló el mismo, en el momento en que alguien las puede comprender sin tener que experimentarlas por sí mismo, se les acepta y pasan a ser lo normal, lo común. Al menos eso creo.

Mi tercera historia para ti, de estos días, es que estuve viendo la reciente temporada de la serie de Hannibal, dándome cuenta de que no tiene ya un ápice de adaptación o precuela, es una historia mutada y simplemente inspirada en los personajes de la trilogía original. Cosa que me remite a otro episodio con M, cuando pretendimos ir a ver Sherlock Holmes: a Game of Shadows. Primero que Robert Downey Jr. no le caía bien porque siempre se interpretaba a sí mismo, cosa que a fin de cuentas no pude debatir. Luego mientras buscábamos función en un cine y otro, llegamos a la cuestión de que ese como muchos otros en las adaptaciones, no era el Sherlock de las novelas, era alguien distinto con el nombre como suele suceder en las adaptaciones. 'Da lo mismo si le llaman Juan Perez' fueron sus palabras 'es otro personaje finalmente'.
Esa tarde no vimos la película, pues no encontramos funciones, la vi con alguien más de quien conservo un mal recuerdo sobre el sabor de su aliento después de comida china y cigarros camel. Odio los cigarros camel desde entonces, ya tienen mal sabor de por sí, odiaría que alguien percibiera un mal aliento en mi boca por su causa, aunque la química de la saliva sería otro amplio tema que compartir.
Así que antes de terminar la última temporada de la serie me encuentro pensando en las misma palabras que ella, mirando esta extraña variación de la historia, y diciéndome: 'esto ya no es Hannibal, esto ya es un Jack Whatever...'. Admito que la serie tiene mucho encanto, que me gusta como sabe mezclar con maestría la elegancia, el minimalismo, el arte, la gastronomía y los símbolos de la historia de Hannibal Lecter. Había pensado que es una serie que rosaba el erotismo disimuladamente, ahora ya no, lo cual me llevó a pensar con algo de diversión que es una serie que le encantaría a Michel Foucault.
Pero ya es otro, en un principio pensé que se debía a que con el tiempo la figura de Hannibal se volvió inherente a Hopkins, el pequeño y letal, luego me dí cuenta que no solo habían construido un nuevo Hannibal vigoroso e imponente (como se describe en la novela), habían creado a otro bajo la sombra del primero. No es que no sea bueno por sí mismo al ser una mutación del primero o del más conocido, si no que no es el Hannibal esperado, no es uno que concuerde. ¿Vale menos por ser diferente? ¿No es así en esencia todo tipo de Tradición Oral? Ya que a fin de cuentas a eso me dedico... sería importante considerar estas palabras, cuando termine el texto que escribo al respecto de la serie y el personaje.
Lo pondré en mi blog en cuanto esté listo, espero puedas leerlo.

Sin más por ahora, hoy he descubierto gracias a tu ultima carta, que a veces lo mejor que uno tiene para escribir es lo que surge cuando empuña las palabras sin más intención que comunicar.
Espero que termines ponto con tu semestre, y que consigas el trabajo, para que te puedas sentir mejor contigo misma pero también espero que el trabajo no te abrume y te fatigue demasiado como la última vez. Me da gusto seguir enlazado contigo. Seguiré escribiendo, lo prometo, quiero saber más sobre tu mágica mirada sobre las cosas en tu lugar del mundo, seguiré aquí y te mantendré al tanto de las novedades.

Te envío abrazos también, y mis afectos, como siempre.
Te extraño y desearía que estuvieras aquí. Te deseo suerte.

Sam.

martes, 10 de junio de 2014

Royal Delux

Querido Sam: 

Seguro haz notado mi ausencia. Estas dos semanas han sido difíciles, entre terminar mi semestre y las dudas que han surgido sobre mi porvenir, no he tenido tiempo de nada. Los lingüistas son maquinas que trabajan todo el tiempo y cada que existe la posibilidad de un suspiro, me atiborran mi bandeja de entrada con asignaciones y tareas extras; no le veo el fin. Pero el motivo de esta carta no son mis habituales quejas sobre lo que hago y lo que no hago. Es más bien para contarte un evento que hubo este fin de semana (desde el miércoles). Una compañía de teatro llamada Royale Delux pisó tierras nantesas con enormes gigantes caminando por toda la ciudad. Se supone que cada dos años vienen y hacen un recorrido, y específicamente vienen a esta ciudad porque aquí nacieron. En fin, no sé bien la historia porque no he tenido tiempo de leerla, sin embargo, te puedo contar exactamente qué es lo que vi. Dos enormes gigantes caminando por las calles. La primera, era una abuelita. La historia, que leí rápidamente, dice que la abuelita bretona (de Bretaña, una región al norte), llegó desde el espacio para descansar frente al Teatre Graslin dónde estuvo dormida un día. Al día siguiente la expusieron en su silla de ruedas, dormitando bajo el sol. Ese día, llegó un niñito negro que fue a dormirse frente a la mediateca. Dicen que el viernes en la noche y el sábado, ambos recorrieron todas partes, en realidad yo fui hasta el domingo. Ese día salí de aquí a las 2 del día porque el recorrido empezaba a las 3. Llegando allá, esperamos en el centro pero no pasaba nada así que decidimos ir en busca de la abuela. De pronto se escuchaban tambores y se veía como ella andaba en la silla de ruedas y de la nada plop, se detienen, los hombres empiezan a hacer malabares y comienza a levantarse. Su cara era maravillosa, se veía como se movía cada musculo de su cara. Sus piernas caminaban lentamente con su bastón mientras miraba a todas partes. Fue maravilloso. El pueblo nantes aplaudía con cada paso que daba y miles de personas fotografiaban dicho evento mientras danzaban discretamente al son de los tambores. La seguimos durante varias calles y después desistimos porque había demasiada gente, hacía demasiado calor. El lunes era el último recorrido, era también el funeral de ambos. Era momento de regresar a sus tierras en el lejano espacio así que hicieron otro recorrido ambos hasta sus camas. Ahí fue donde vi al niño negrito quien con expresión triste caminaba atrás de la abuela. Fue una peregrinación silenciosa a pesar de que los tambores de jubilo seguían retumbando. Llegaron a sus camas y gruas gigantes los levantaron para poder recostarlos sobre sus camas y así llevarlos hasta la isla, dónde el enorme elefante se encuentra (en las maquinas de Nantes). La gente los seguía y nosotros los seguimos con los ojos porque de nuevo, el calor y tanta gente era abrumador. Me despedí de ellos en silencio sin saber qué pensar o sentir. Había algo en la mirada melancólica del niño, y en la calma de la abuela que me perturbo más de lo que pude haber imaginado. Caminamos más y decidimos regresar a nuestras casas. Beth iba conmigo y siempre que salimos le gusta pasar a mi casa a dormir un rato antes de regresar a la suya, así que eso hizo mientras yo leía mi correo y me encontré con más trabajo de parte de la universidad.

Es por eso que no estoy tanto porque es un semestre interminable, lleno de preocupaciones. Sigo sin trabajo además y necesito 500 euros para septiembre, así que ya sabrás en qué mierda me encuentro. 

Espero que usted esté bien porque hay mucha queja de su parte por mi ausencia cuando usted la suya es aún más. No es reproche mi querido Sam, es recordatorio. 

Sin más por el momento, te mando un abrazo, 

Becca